rato. Sí, la anterior administración, del ex alcalde Lucho Garzón, también del Polo Democrático, no hizo nada al respecto: la ejecución de las siguientes troncales de Transmilenio quedó en el limbo, esto ocasionó el colapso del sistema, y hasta la chatarrización de buses viejos se convirtió en un foco de corrupción.
Por lógica, y lo pensamos todos los colombianos, esa ‘platica’ se va a destinar al metro que se piensa
construir en la Carrera Séptima. Buena idea, claro, pues es viable antes que una ruta de Transmilenio,
en la que insistió Garzón, con unos estudios costosísimos, que para nada sirvieron, pues cualquier
persona sabía que era descabellado hacer rodar estos buses en un espacio tan pequeño: sólo él vio su
funcionalidad.
No hay duda que es la única carta de presentación de Moreno Rojas, en algo más de 100 días de gobierno.
Para él, es un logro haberle vendido esta idea al presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez,
para que se pueda financiar con mayores recursos económicos. Pero, más allá del metro, el problema de movilidad en Bogotá y se ha dicho repetidamente, no está
solo en el transporte masivo. Como ocurre en todas las ciudades del país, el lío es la falta de una infraestructura vial, planeada, coherente y bien diseñada para el futuro.
Con base en eso, la pregunta para el señor alcalde Samuel Moreno Rojas es ¿cuáles son los proyectos
que tiene para ampliar las vías o hacer nuevas como lo hizo en el siglo pasado un visionario que, nada
más y nada menos, fue su abuelo, el general Gustavo Rojas Pinilla? Nada de nada en cuestión de soluciones reales, a 100 días de gobierno. Que no vaya a pasar lo mismo
que con su antecesor, en donde las obras de infraestructura vial brillaron por su ausencia y, las pocas,
hoy son cuestionadas por una serie de irregularidades.
Por ejemplo, el famoso programa ‘Armando Calle’, que le costó a la ciudad un billón de pesos, dizque
para tapar los huecos de las calles (que infl uyen también en la movilidad) fue todo un fracaso, pues la
Cámara Colombiana de la Infraestructura encontró hace poco que se utilizaron materiales de pésima
calidad y muchos de esos remiendos ya tienen filtraciones y están peor que antes.
No se sabe, a ciencia cierta, quién toma cuentas al respecto y mucho menos quién vigila que el dinero
sea bien invertido, que no haya robo y que las obras se ejecuten como deben ser. No es posible que Bogotá, una de las ciudades que más paga impuestos en el mundo, no solo las personas, sino las empresas, no tenga, aunque sea, un pavimento decente.
Pasan los días, los meses, y los proyectos del alcalde Samuel Moreno Rojas no se ven por ningún lado.
Bogotá es una ciudad que necesita de un administrador de verdad, capaz de ofrecer soluciones a la
movilidad, como lo hicieron en otras ciudades del mundo; Tokyo, con sus vías de 2 y 3 niveles, o Ciudad
de México, con la ampliación de avenidas ya existentes, al unísono con el fortalecimiento de verdaderos
sistemas de transporte masivo.
Que la Alcaldía Mayor de Bogotá deje de ser una vitrina y mucho menos un trampolín para quienes
intentan lanzarse a la Presidencia de la República. Aquí se necesita de una verdadera administración,
compuesta por profesionales en todas las áreas, y por concejales igualmente idóneos, pero eso en el
Concejo de Bogotá no pasa, pues hasta un lustrabotas estuvo allí en el pasado. No hay derecho. |